Andy Ortega consiguió hace unas semanas la Triple Corona de Aguas Abiertas tras rodear a nado la isla de Manhattan. Un reto difícil, pero aún más si tenemos en cuenta que, poco antes, había realizado a nado el Canal de Santa Catalina, entre la isla del mismo nombre y California, y el Canal de La Mancha. Las tres travesías juntas le han dado el reconocimiento de la Asociación Mundial de Aguas Abiertas, que da la corona a aquellos que cumplan con los tres retos. Andy ha conseguido la gesta y en ello tiene mucho que ver su equipo de apoyo, quienes han formado parte importante de los tres trayectos. Además, ha conseguido llevar el nombre de la asociación Pequeño Valiente por el mundo, gracias a las brazadas solidarias que ha recaudado por el camino.

  1. ¿Cómo surge el reto de cumplir la Triple Corona?

En 2009 retomé la natación participando primero en competiciones máster en piscina y luego en travesías cada vez más largas y me fui aficionando a las pruebas de fondo, al mar abierto, a las pruebas más exigentes. Hice varias en Canarias y empecé a buscar información por internet de travesías largas, para marcarme mi próximo reto. Y encontré el Canal de la Mancha, la más emblemática a nivel mundial, a la que se llama el Everest de la natación (aunque vistos los porcentajes de éxito, es más fácil para un montañero coronar el Everest que para un nadador completar el Canal).

Así fue como en 2014 me planteé el reto del Canal de la Mancha y me propuse intentarlo en el verano de 2017. A partir de ahí, me pongo en contacto con mi entrenador de la juventud, Champi Artiles Grijalba, para que me preparase. Fueron 2 años de entrenos y travesías preparatorias que pude afrontar gracias al apoyo incondicional del Centro Comercial Las Terrazas, que desde el minuto 0 confió en mí, ya que los gastos que conlleva una travesía de esta envergadura son tremendos, sobre 10.000€.

En esos años de travesías nacionales e internacionales y viajes a aguas frías para entrenar, conseguí más apoyos del Club Natación Metropole, Utopía Soul, Top Time Eventos, Terapias Acuáticas de Canarias, Altion Soluciones, Ofimática Gomera, Sundsports, Pedro Palmas con Palmas Swimwear, el Cabildo de Gran Canaria, La Provincia y Riu Hotels y Resorts, de la mano de Pequeño Valiente.

Gracias a la ayuda de todos ellos, una vez terminado el Canal de la Mancha decidí que podía afrontar las otras dos travesías que conforman la Triple Corona y nada más volver del Reino Unido, comencé a preparar el papeleo para organizar las otras dos.

  1. ¿Cómo fueron para ti las otras travesías del reto, el Canal de La Mancha y el de Santa Catalina?

Al Canal de la Mancha le tenía mucho respeto, había leído tanto de nadadores desaparecidos, del “cementerio de los sueños”, que es una zona muy cercana a Francia donde te puede pillar una corriente tan fuerte que te impide tocar la costa, por lo que muchos nadadores abandonan ahí, que toda preparación me parecía poca.

Al llegar a Dover y observar la climatología me puse muy nervioso, sabía que tenía que esperar a las condiciones meteorológicas adecuadas, pero ese verano el tiempo estuvo especialmente malo y no podíamos salir. Finalmente después de 13 días de espera, me dieron la oportunidad de nadar, aunque las condiciones no eran las ideales, pues estábamos fuera de la marea, con luna llena, por lo que las corrientes eran muy grandes. Una vez dentro del agua me sentí incómodo y frío, pero a medida que avanzaba la concentración fue total, nadé durante 12 horas y 40 minutos sin plantearme en ningún momento si tenía frío o estaba cansado. Después de 51,3 km, cuando me puse de pie en la playa y terminó el reto, al tirarme de nuevo al agua para alcanzar el barco no podía dar ni una brazada más y los temblores eran espantosos, pero tenía una gran satisfacción de haber entrado en la historia, de ser el primer canario en lograrlo.

Me habían dicho que la más dura de las tres era el Canal de la Mancha, pero en el Canal de Santa Catalina se empieza a nadar de noche y esa era mi principal preocupación porque además esa zona es bien conocida por la gran cantidad de fauna acuática. En este caso nadas un día concreto, por lo que no existe la incertidumbre sobre las condiciones meteorológicas. El 15 de junio a las 00:10 me metí en las negras aguas de la isla de Santa Catalina, muerto de miedo por las “visitas” que pudiera recibir. Lo primero que me encontré fueron los bigotes de un león marino que asomó la cabeza a mi lado, como si se preguntara qué hacía este loco ahí. A las 2 horas vi sombras que pasaban rápidamente entre el barco y yo, una de ellas me golpeó en el muslo y casi se me sale el corazón por la boca, pero me concentré para no entrar en pánico y seguir nadando. Luego supe que eran delfines que alegremente me estarían saludando, menudo susto. Ya de día un tiburón se me acercó por detrás, aunque afortunadamente yo no lo llegué a ver y más afortunadamente aún, se dio la vuelta a unos 30 metros de distancia y desapareció en el mar.

El frío fue otro de los problemas que afronté, pues no esperaba que me afectara tanto, pero es que aunque el agua estaba a una temperatura parecida al Canal de la Mancha, unos 17º,  la temperatura ambiente de noche era de 12º, lo que me hizo estar al borde de la hipotermia, teniendo en cuenta además que en los últimos 5 km la temperatura del mar cayó a 13º. Creo que con la preparación física que llevaba, mucho mejor que el año anterior en La Mancha y mucha concentración conseguí superar todo y finalmente el tiempo se me pasó rapidísimo. En 10 horas y 15 minutos me vi en tierra firme, con la satisfacción de haber sido el primer nadador de la temporada 2018 además del primer canario en cruzar el Canal de Santa Catalina.

  1. ¿Qué tal fue la preparación para esta tercera prueba, alrededor de la isla de Manhattan?

En los dos meses que tuve desde que volví de Los Ángeles hasta que me marché a Nueva York, seguí con mis entrenamientos planificados y organizados por Champi Artiles.

La vuelta de Santa Catalina fue dura por el famoso jet-lag, ya que la diferencia horaria con Los Ángeles es de 8 horas. Además, me costó recuperarme del esfuerzo físico de la travesía y mentalmente mucho más. Me costaba muchísimo culminar los entrenamientos planificados y estuve muy cansado en ese periodo, que en realidad fue solo de 2 meses y pasaron volando.

  1. Mientras nadabas en Nueva York, ¿qué se te pasaba por la cabeza?

Los días previos al nado en los 3 ríos que rodean la isla de Manhattan pude comprobar que el agua estaba muy sucia y que el tráfico marítimo era enorme, pero desde dentro del agua se vive de otra forma. El tragar algo de esa agua sucia condicionó mis sensaciones durante toda la travesía. Salvo el primer avituallamiento, todo lo que comía lo vomitaba y apenas pude beber líquidos solo pequeños sorbos. Esto me ponía muy nervioso porque pensaba que no estaba comiendo suficiente para poder terminar en buenas condiciones, nunca pensé en no terminar, pero sí en sufrir más de lo que esperaba.

El tráfico de barcos me afectó mucho, no era solo la cantidad sino el desorden. Para la travesía cada nadador lleva un kayak al lado, que le guía y le da los avituallamientos, y un barco de apoyo. Mi barco de apoyo me molestaba mucho, cruzándose de un lado para otro delante de mí, haciendo olas muy molestas y llenándome de humo. Esto lo hacía para protegerme de las motos de agua a toda velocidad, embarcaciones de todo tipo, rápidas y lentas, bajando o subiendo el río o cruzando de lado a lado, incluso en el río East me tuve que desviar para que amerizara un hidroavión.

Siendo esta la travesía a priori más sencilla, todo esto me llevó a tener que hacer un esfuerzo extra para concentrarme en nadar y pensar en el motivo por el que estaba ahí, la Asociación Pequeño Valiente. Después de entrar en contacto con la Asociación en mayo de 2017 a través de mi participación en el Desafío Solidario Bimbape (Tenerife-Gomera-Tenerife), he firmado el convenio de colaboración Brazadas Valientes para nadar siempre a beneficio de la asociación, tanto económico como de promoción.

  1. Una vez acabaste los más de 40 kilómetros, después de más de ocho horas nadando, ¿qué sentiste?

Pues el primer sentimiento es de una satisfacción enorme, además de alivio por terminar mi pequeño calvario.

Sentí que había cumplido mi objetivo deportivo, no solo terminar la travesía, sino cerrar el ciclo de la Triple Corona y además había cumplido con la promoción de Pequeño Valiente, que ahora es conocida en Reino Unido, California y Nueva York.

  1. ¿Dudaste en algún momento de que lo conseguirías o ibas seguro de ti mismo?

Nunca se me ha pasado por la cabeza abandonar, por lo que nunca dudo de mí mismo. Cuando las cosas se ponen feas soy consciente de que tengo que concentrarme más en mi objetivo y cuando las cosas son fáciles voy más relajado, pero nunca me planteo el abandono.

  1. ¿Qué nivel de importancia tiene llevar contigo a un equipo que te apoye y en el que confíes?

Absoluto, cada uno tiene su función y todas son importantes, en el Canal de la Mancha la colaboración de mis amigos fue fundamental para que saliera todo perfecto, incluso recibimos felicitaciones de la organización por lo bien compenetrados que estábamos y lo rápido que hicimos los avituallamientos, con paradas de apenas 10 o 15 segundos.

En las otras dos travesías de la Triple Corona, donde los avituallamientos me los daba un kayaker puesto por la organización, tuve problemas de entendimiento. Para salvar los problemas del idioma, había numerado mis bolsitas de avituallamiento por tipo (1: sándwiches de nocilla, 2: plátano, 3: matahambres, etc.), para que fuera más fácil la comunicación, pero durante la noche en Santa Catalina el kayaker más novato no acertaba a ver los números y tardaba demasiado en darme algo, y muchas veces no era lo que le había pedido.

  1. Ahora que ya has conseguido la Triple Corona, te has marcado como siguiente reto cruzar el Estrecho de Gibraltar. ¿Tienes en mente cómo lo afrontarás?

El Estrecho de Gibraltar es un reto que llevaba tiempo intentando hacer, pero tiene una gran lista de espera. Conseguimos plaza para la tercera semana de septiembre, el día que el mar esté en buenas condiciones y llegaré algo tocado físicamente de esta temporada tan larga.

De todas formas, es un concepto de travesía diferente, somos 4 nadadores que debemos ir agrupados durante los 15 km que separan Cádiz de la costa africana. Habrá mucho tráfico marítimo y mucha corriente, pero solo son 15 km, creo que se me pasará muy rápido. Nadaremos todos al ritmo del que vaya más lento y estoy seguro de que disfrutaré muchísimo este último reto de la temporada.

  1. Te has marcado también alguna vez retos dentro de Canarias, ¿tienes pendiente alguno más?

Pues mira, después de la travesía de Manhattan pasé unos días en Baltimore en casa de mi amigo de la infancia Frederik Hviid, excelente nadador canario, que llegó a ser olímpico en dos ocasiones y que hace pocos años ha empezado a nadar de nuevo. Me preguntó por Pequeño Valiente y me dijo que quería colaborar con la Asociación de alguna forma.

Estamos maquinando algo para hacer el próximo verano, Frederik y yo juntos, que será como siempre a beneficio de Pequeño Valiente. Es solo una idea, que iremos dando a conocer cuando la tengamos más concretada.

  1. Colaboras con Brazadas Valientes para la Asociación Pequeño Valiente. Para aquellas personas que quieran colaborar también, ¿en qué consiste el proyecto y cómo se puede ayudar a conseguirlo?

Pequeño Valiente es una asociación de padres de niños con cáncer, que nace para ayudar económicamente y psicológicamente a las familias de los niños enfermos. El cáncer infantil es una enfermedad completamente diferente al cáncer de adultos, puede ser más agresivo y más rápido y afecta psicológicamente a toda la familia. Los niños, a pesar de tener cáncer son niños y deben tener la oportunidad de disfrutar de su infancia, con actividades de ocio compatibles con su estado físico. Pequeño Valiente trata de facilitar esto y llegar a donde las administraciones públicas no llegan o no lo hacen a tiempo, organizando eventos, aportando apoyo psicológico sobre todo a los enfermos más mayorcitos, buscando patrocinio y financiación, visibilizando la enfermedad, etc.

Conocer a la Asociación, cómo funciona y la labor tan importante que desarrolla me ha hecho unirme a ellos colaborando siempre que he podido.

Para el Canal de la Mancha sacamos la promoción de “Venta de Brazadas Valientes”, calculé que daría unas 50.000 brazadas y las puse a la venta a 1 euro. El dinero se ingresaba directamente en la cuenta de Pequeño Valiente. Igualmente, puse a la venta las Brazadas Valientes del Canal de Santa Catalina y de la vuelta a Manhattan y anunciaré también las del Estrecho de Gibraltar. Se trata de que la gente recuerde que con una simple transferencia de 1 euro se puede ayudar.

Además, la travesía Maspalomas Canaragua Open Water 2017 organizada por Top Time Eventos, a través de las Brazadas Valientes, donó el importe íntegro de las inscripciones de la modalidad Promo a la Asociación.

En mayo de 2018, otra de las empresas que me apoya lanzó una campaña de donación para Pequeño Valiente, Terapias Acuáticas de Canarias donó 1 euro de cada servicio de masajes que dio el mes previo a la travesía de Santa Catalina.

Todo el que quiera colaborar puede comprar Brazadas Valientes:

Cuenta: ES48-2100-4862-5122-0014-3727

Concepto: Brazadas Valientes

Beneficiario: Asociación Pequeño Valiente