Diez años vistiendo la camiseta de la selección

En 2008, hace ahora diez años, llamaron a Joan Cañellas por primera vez para debutar con la selección española de balonmano, un momento que siempre recordará de manera especial. “Ese año estaba jugando en el Granollers y nos enfrentábamos contra el Alcovendas y la verdad es que me salió un partido muy bueno. Nada más terminarlo, vino su gerente, me felicitó y me dio la enhorabuena porque iba a ir a la Selección. Al principio no lo entendí y me quedé un poco asombrado, hasta que me dijo que el seleccionador se encontraba en la grada y le había gustado mucho”. Unos días más tarde Joan recibió la llamada que le confirmaba la noticia: iba a formar parte de la selección española, algo que le llegó muy rápido y que en ese momento le costó asimilar. “Fue todo muy rápido pero muy bonito, además de una gran recompensa al trabajo que había estado haciendo los últimos años”. A partir de entonces, no ha parado de conseguir importantes títulos con el equipo español, entre ellos, el de campeón del mundo en 2013 o el de subcampeón de Europa en 2016. “Lo primero que se siente es mucho orgullo personal, ya que ves que tu esfuerzo y sacrificio se han visto reflejados en los resultados”.

Sin embargo, Joan no siente el mismo orgullo de la visibilidad que tiene el balonmano en nuestro país, ya que considera que las buenas noticias de este deporte se olvidan al día siguiente o incluso el mismo día de conseguir un título. “Los logros de la Selección creo que han ayudado a la propia Selección. No creo que el balonmano en general se haya beneficiado mucho de eso. Ahora mismo la liga española sigue sin estar bien en muchos aspectos; solo se salva la Federación, que es la única que ha estado a la altura”.

El momento más emocionante que recuerda vistiendo la camiseta española es, sin duda, el del Mundial de España. “Jugarlo en casa, con un ambiente espectacular, con familiares y amigos en la grada, que eso no suele pasar casi nunca, fue algo realmente increíble”. Y como en el deporte no siempre es todo positivo, Joan resalta también los dos momentos más duros que recuerda a lo largo de su trayectoria deportiva. “Uno fue en los Juegos de Londres, cuando nos eliminó Francia; para muchos era la primera vez que estábamos en unas Olimpiadas y quedarnos fuera tan pronto fue un golpe duro, porque es un sueño que cuesta mucho conseguir. Ese momento solo es superado por el de la no clasificación para las Olimpiadas de Río. Llevábamos unos años muy buenos, creo que de los mejores del balonmano español y que justo en el momento de la clasificación no nos saliera como queríamos fue un golpe muy duro y una espina que creo que aún conservamos todos”.

Tras dos años jugando en Alemania, Joan decidió trasladarse a Macedonia para jugar en el RK Vardar, su actual club. Una decisión que tomó teniendo en cuenta varios factores: “Me quedaban dos meses de contrato en Alemania y creía que lo mejor para mí era no continuar allí, porque el nivel de exigencia a nivel de competición era demasiado duro. Después de tres temporadas en Alemania, creía que era el momento de reducir un poco el número de partidos y viajes, para estar mejor físicamente y poder disfrutar más de la familia. Buscaba también una cultura más parecida a la española y ya cuando supe que el entrenador era Raúl, que lo conocía y sabía lo que me pediría, me gustó aún más la idea”.

La experiencia en Macedonia está siendo totalmente satisfactoria para el jugador catalán. “Hemos cumplido con los objetivos y hemos ganado la Champions, que es la competición que se me resistía. El año pasado a nivel deportivo fue excelente y esta temporada de momento va por el mismo camino, aunque todavía queda mucho por delante”. A nivel personal también se siente mucho más feliz, ya que ha podido pasar más tiempo con su familia y físicamente se encuentra mejor que cuando llegó a Macedonia. Un balance muy positivo: el estrés deportivo es menor, la ciudad le gusta mucho y asegura que los aficionados están siempre apoyando al equipo.

Un jugador profesional debe tomar muchas decisiones a lo largo de su trayectoria deportiva. En su caso, la más importante quizás haya sido cuando se fue de Barcelona por primera vez para ir a jugar a Ciudad Real. “Cada vez que tienes que cambiar de equipo y firmar un contrato es una decisión muy importante. Desgraciadamente, han sido muchas en los últimos años y no es fácil porque nunca sabes lo que es mejor para ti. Igual la más complicada fue cuando me fui a Ciudad Real, por el hecho de salir del confort de estar cerca de casa, de mis amigos y de mi familia, aunque es verdad que fui a un gran club y eso facilitó mucho las cosas. Salir de España también fue muy difícil para mí, estaba genial en el Atlético de Madrid. Creo que nunca hubiese querido salir de allí si su situación hubiese sido otra, pero bueno, tocó salir y no me arrepiento de las decisiones que he tomado a nivel deportivo”.

Su tiempo libre le gusta dedicárselo a su hija, que ahora mismo es su máxima prioridad. “En caso de que ella no esté, lo dedico a mis estudios, a ir al cine y a hacer cosas con mi mujer, como pasear por Macedonia y visitar nuevos lugares. También me gusta practicar otros deportes, aunque durante la temporada es muy difícil”.

Este último año ha conseguido proclamarse campeón de Europa con su equipo, un título que se le resistía. Tras una intensa final, pudimos ver al jugador realmente emocionado. “Es algo que llevaba persiguiendo mucho tiempo. Había estado en muchas Final Four y en dos semifinales; llegó un punto en el que pensé que ya no lo conseguiría. A nivel de club, era la única espina que tenía. Y encima la ganamos sin ser favoritos, fue muy intenso y muy bonito; había mucha familia y amigos en la grada, y después de tanto tiempo persiguiéndolo, me emocioné mucho porque ya creía que tenía una especie de maldición”.

Ha sido mucho lo que ha logrado en el 2017, un muy buen año que será difícil de superar. “A este 2018 solo le pido poder seguir dando guerra. A nivel de Selección, pido ese nivel de suerte que siempre es necesario en los momentos importantes. Y sobre todo, poder seguir disfrutando del balonmano, que al final ya no me quedan tantos años”.

Seguro que este prometedor 2018 también le sigue dando alegrías a Joan Cañellas, un excelente jugador de balonmano que ya lleva diez años vistiendo la camiseta de la selección española.