“Es un reto personal y una forma de demostrarme a mí mismo que a pesar de mis 55 años, estoy capacitado para afrontar retos de juventud”

Juan Carlos Nájera fue el primer español en participar en la carrera Idita Bike Extreme en 1995, hace ahora 23 años. Posteriormente, lo hizo en otras dos ocasiones, alcanzando una increíble cuarta posición en la clasificación general, a solo un paso de subirse al podio.

El próximo 19 de febrero, Juan Carlos volverá a estar en la parrilla de salida de la Idita Bike Extreme de Alaska, una de las pruebas más duras del mundo. Después de 20 años, acudirá de nuevo a la localidad de Macgrath dispuesto a cruzar la línea de meta antes del transcurso de seis días. Será el participante de mayor edad, con 55 años y medio, aunque asegura tener la misma ilusión que “cuando era un chaval”. En esta ocasión, finalizar la carrera ya será todo un éxito para el ciclista vitoriano.

 

  • Veinte años más tarde volverás a hacer uno de los desafíos más extremos del mundo, ¿qué te motivó a hacerlo?

Nunca se me había quitado de la cabeza la posibilidad de volver. Es una prueba que te engancha y te atrapa y sabía que tarde o temprano, volvería a hacerla. A mis 55 años, ya no tengo todo el tiempo del mundo, porque la prueba y los entrenamientos son muy duros y los años no pasan en balde. Así que tenía que aprovechar que aún estoy a tiempo de proponerme estos objetivos.

  • En 1995 fuiste el primer español en participar en esta carrera, ¿cómo fue tu experiencia?

La primera vez, como casi todo en la vida, fue increíble. Cuando terminé, sentí que si había sido capaz de terminar eso, sería capaz de conseguir cualquier cosa. Esa vez lo hice con el único objetivo de terminar y en las siguientes ediciones fui con el mismo objetivo pero intentando terminar lo más adelante posible.

  • En la primera edición en la que participaste, ¿hay algún momento anecdótico que recuerdes de manera especial?

Pues sí, porque es una prueba en la que hay que cuidar mucho los pequeños detalles. Al principio veía que todo el mundo pedaleaba menos yo, hasta que me di cuenta de que todos llevaban la presión de las ruedas muy baja. Entonces yo también la bajé, pero la bajé tanto que pinché… También se me congeló el agua y pensaba, ¿pero por qué todos pueden beber y yo no?, hasta que me di cuenta de que no solamente había que beber, sino que después había que soplar para que no se quedara agua dentro del tubo. Son pequeños detalles que vas aprendiendo con la experiencia.

  • En esta ocasión irás sin competir, ¿se trata de un reto personal?

Sí, es un reto personal y una forma de demostrarme a mí mismo que a pesar de mis 55 años, estoy capacitado para afrontar retos de juventud. Voy con la idea de terminar y de retomar sensaciones. Esta prueba tiene 643 kilómetros, y en 2019 me gustaría poder hacer el recorrido completo de la “Iditarod”, la carrera en la que murió Félix Rodríguez de la Fuente, de 1800 kilómetros de distancia. Por tanto, este sería un año de transición para ver cómo me encuentro, porque igual cuando vaya a Alaska me doy cuenta de que ya no estoy en condiciones para afrontar retos tan extremos.

  • Serán 643 kilómetros de ruta en condiciones extremas, ¿cómo se prepara uno para una carrera de estas características?

La preparación es muy difícil, vivo en Vitoria y aquí hace frío, pero nunca comparable con lo que nos vamos a encontrar allí, donde las temperaturas oscilan entre los -10º y los -40º. Básicamente, entreno muchas horas encima de la bicicleta y siempre en ascenso. Una vez a la semana hago entre 12 y 14 horas diarias. Además, entreno siempre con el peso y el material que voy a llevar, para probarlo y estar lo más habituado posible.

  • Ya queda menos de un mes para el desafío, ¿cómo será tu preparación en este último tramo?

En unos diez días haré la última tirada larga de 14 horas o incluso un poco más, y a partir de ahí intentaré mantenerme, pero pensaré más en llevar el cuerpo descansado y en ultimar todos esos pequeños detalles que entre el trabajo, los entrenamientos y la familia, no he tenido tiempo de hacer.

  • ¿Qué opina tu familia de la decisión que has tomado y qué crees que es lo que más le preocupa?

Son muchas cosas. Mi madre, con 90 años, me dice: “Pero hijo, ¿por qué no juegas al fútbol como todo el mundo?” (risas); a mi mujer ya se le está haciendo largo, así que cuando le digo que este es solo el entrenamiento para el año que viene, me dice: “Bueno bueno, para el año que viene ya hablaremos” (risas). Pero ella sabe que es mi mayor ilusión ahora mismo.

  • ¿Hay algo que te asuste especialmente?

Siempre hay una serie de peligros objetivos. Una cosa que me da miedo es el overflow, que pasa cuando vas andando y de repente notas que la nieve se hunde y el agua empieza a subir hasta que te ves empapado; o cuando estás atravesando lagos y oyes cómo cruje todo el hielo y sabes que puedes acabar cayendo dentro. Hay que tener cuidado también con los animales, como los lobos, aunque por lo general siempre suelen huir del hombre, o los osos, aunque afortunadamente en esta época del año están hibernando, así que no habría problema.

  • ¿Qué tienes pensado para combatir esas bajísimas temperaturas?

Llevo ropa de montaña de primera calidad. Lo único que puedes hacer es ponerte varias capas y ropa térmica, para que el viento no penetre. Porque por un lado está la temperatura ambiental y por el otro la temperatura térmica, que es la sensación que uno tiene, porque a veces con el viento la sensación de frío es aún mayor.

  • El tiempo estimado para acabar la prueba oscila entre los seis y los doce días, ¿tú en cuánto esperas hacerlo?

Sí, la organización permite hacerlo en un máximo de doce días. Mi objetivo es hacerlo en cinco o seis, yo me he marcado seis para ser un poco más precavido; el avión de vuelta lo he cogido para el séptimo día, así que espero por lo menos llegar a tiempo.

  • Hace 20 años pudimos leer titulares como “Juan Carlos lo consiguió”, “El hombre de las nieves” o “Regreso a la tierra de los valientes”. ¿Qué titular te gustaría leer en los periódicos tras tu regreso?

Ahora mismo no pienso en ningún titular. Solo quiero cruzar la línea de meta, cansado pero en perfectas condiciones, que es lo verdaderamente importante.