Todo comenzó de una forma dramática. Juan Aguiar tenía tan solo nueve años, cuando chocó con una puerta de cristal mientras jugaba con unos niños en el salón de su casa. “Lo siguiente que recuerdo es sangre y cristales por todas partes. Un hombre me llevaba en sus brazos al hospital; en mi mente conservo la imagen de mi pierna colgando y la enfermera tranquilizándome.”

Al fatídico accidente se sumó una negligencia médica, y a partir de ahí comenzó una cojera para toda la vida. “O al menos esa es la discapacidad que ve la mayoría de la gente, porque la artrosis prematura, la asimetría de mis piernas o el trastorno de la lateralidad que descubriría 30 años después, explicarían muchos síntomas que siempre se habían achacado a mi torpeza”.

Una infancia y una adolescencia muy difíciles, que derivaron en una serie de hábitos perjudiciales para su salud. “A los 28 años fumaba, pesaba 110 kilos, bebía más de una botella de vino diaria en una comida, trasnochaba y llevaba una vida sedentaria. Aunque siempre había sido emprendedor, mi talón de Aquiles eran mi baja autoestima, la inseguridad y la falta de constancia”.

A Juan le han puesto muchas trabas a lo largo de su vida, teniendo que escuchar que su discapacidad le impediría alcanzar algunos de sus objetivos. “Desde niño ya me quitaban la ilusión de ser policía, futbolista o bombero. Hasta hace pocos años, recuerdo a fisioterapeutas, traumatólogos y familiares contrarios a que practicara deportes de impacto. Y al final, he descubierto que los beneficios han superado con creces a las secuelas”.

Veinte años después del accidente, Juan comenzó una nueva vida. Un día empezó a nadar y a pasear en bicicleta de montaña, se hizo un auténtico deportista y se convirtió en el fundador y principal impulsor de Atletas Sin Fronteras, un proyecto que trata de poner en valor a las personas con discapacidad, de empoderarlas a través del deporte, la cultura y los programas y actividades que desarrollan, en base a su experiencia vital y a las dificultades que han vivido en primera persona. “Queremos promocionar el deporte adaptado, fomentar la inclusión y la solidaridad. Es un proyecto para apoyar directamente a los deportistas con discapacidad u otras personas o colectivos donde veamos que nuestro granito de arena pueda contribuir a mejorar su calidad de vida”.

El deporte adaptado ha ido evolucionando con el paso del tiempo. En la actualidad existen más ayudas, más competiciones y mayor apoyo a todos esos deportistas con movilidad reducida que se merecen disfrutar de las mismas oportunidades. “El deporte adaptado de élite se ha vuelto más mediático en los últimos años y las subvenciones que conceden las administraciones se han ido equiparando a las que reciben los deportistas convencionales”. En algunos eventos deportivos, los organizadores facilitan la participación de deportistas con discapacidad e incluso les invitan a ser embajadores de sus pruebas. Toda esta difusión, en sintonía con las nuevas legislaciones, han puesto en valor a los deportistas más destacados. Sin embargo, Juan considera que siguen existiendo muchas barreras de entrada. “Hay falta de información, de lugares cercanos y accesibles donde practicar deporte, de voluntad de las escuelas deportivas y clubes para favorecer la inclusión. En el deporte adaptado muchas veces el mayor reto es simplemente orquestarlo todo para poder competir algún día”.

Muchos obstáculos en el camino y una gran inversión para poder realizar deporte, “en mi caso, me gasto más de dos mil euros al año sólo en férulas y calzado deportivo”. No obstante, su esfuerzo y voluntad, han conseguido que alcanzara metas impensables hasta hace unos años. Juan ha trabajado muy duro, llegando a proclamarse campeón de Europa de Acuatlón, un gran logro tanto deportivo como personal. “Significa crecer en todos los niveles, vivir momentos únicos y especiales, mantener vivo mi proyecto y una forma de expresar gratitud a todas las personas que me ayudaron a conseguirlo”.

Afortunadamente, han sido muchos los que le han acompañado en el camino. Personas que han sido conscientes del esfuerzo y las dificultades que ha tenido que superar para ir labrando poco a poco su trayectoria deportiva. “Siempre recordaré con especial cariño a todos los amigos que me han dado un impulso cuando más lo necesitaba”. Ahora, su mayor ilusión es poder dedicarse durante una temporada a entrenar como lo haría un profesional. Su objetivo es poder participar en todas las Series Mundiales de Paratriatlón y disputar el Campeonato del Mundo de Acuatlón. “Me gustaría vivir esa experiencia y explorar mis límites. También me encantaría ir a unas Olimpiadas, que soy consciente de que es algo muy difícil, pero hace diez años jamás hubiera pensado que iba a participar en un campeonato de España y menos ganarlo, ni me hubiera imaginado en lo alto de un pódium escuchando el himno de mi país, así que creo que es posible soñar a lo grande”.

Y seguramente gracias a soñar a lo grande, a luchar al máximo por sus objetivos, poniendo ganas, esfuerzo e ilusión, Juan Aguiar haya sido capaz de alcanzar metas que al principio parecían imposibles. Todo un ejemplo de constancia y superación.