Todo comenzó en 2014. Pilar Alonso, atleta madrileña afincada en Cantabria, se detectó un bulto en el pecho unas semanas antes de asistir al Campeonato del Mundo de pista cubierta en Budapest. Justo antes del viaje debía acudir a una revisión médica, pero ella sabía que algo no iba bien. Y sabía que si iba a esa revisión, no podría concentrarse en ese campeonato que tanto ansiaba disputar. Llegó la competición y logró medallas, plata en 1500 metros y bronce en los 3000. En ese momento, con el título de subcampeona de Europa bajo el brazo, regresó a España para afrontar esa cita médica que había dejado pendiente.

Y la mala noticia llegó: era cáncer de mama. Quizás sea el momento más temido de cualquier persona. “Era una noticia que intuía, pero aun así, cuando me enteré me quedé helada, una noticia dura, muy dura”. Pero ella lo afrontó de la mejor manera posible, quería vivir y sabía que aún le quedaban muchas cosas por hacer y que su familia la necesitaba. “La motivación fueron mis hijos, mi marido, mi familia, tenía que superarlo por ellos y por mí, yo no quería morir todavía, sentía que me quedaban muchas cosas por hacer”.

Una luchadora nata y una atleta incansable. Incluso en los peores momentos sacaba fuerzas para ir a entrenar y conseguir esa energía que sabía que le ayudaría en la recuperación. “Seguía entrenando lo que podía, poco pero algo, lo principal era estar fuerte para afrontar la quimioterapia con energía y no quería desgastar un ápice de mi energía, esa era mi carrera y tenía que ganarla”. Su actitud positiva y su optimismo consiguieron que se fuera recuperando a un ritmo asombroso. “Hay que ser optimista y tomarlo como eso, una enfermedad a la que hay que ganar, poner todas tus fuerzas y ganas por superarla”.

Tras varias operaciones y sesiones de quimioterapia, de alguna forma el cuerpo le cambió y durante las primeras semanas sentía algo extraño en su interior. “Una parte de tu cuerpo desaparece (en mi caso el pecho), durante un año estás con un cuerpo extraño y luego pasas a una prótesis, más adelante a una reconstrucción y hasta que todo esto sucede pasan dos años, es un camino lento y aunque no dejas de ser mujer, algo cambia. Otra consecuencia, esta vez en lo deportivo, es que la medicación te deja vacía, empiezas de -0 y eso es muy duro, para que os hagáis a la idea, el tiempo que hacía en un rodaje normal, ahora era como una serie, e incluso ni eso. El cuerpo te cambia hormonalmente, ensanchas, los efectos de la medicación”.

Una recuperación muy lenta, un largo camino por delante para volver a ser la de antes. Pero ella lo tenía claro, volvería a una pista de atletismo tan pronto como le fuera posible. “Lo tenía muy claro. Todo empezó en un Campeonato del Mundo y todo debía acabar en otro Campeonato del Mundo, el primero en Budapest marzo 2014 y el segundo en Lyon agosto del 2015”.

Y así fue, en 2015, después de toda su lucha, volvió a las pistas y logró ser subcampeona del mundo en carrera de obstáculos, una medalla que significó mucho para ella a nivel personal: “Lo supuso todo, la victoria en la carrera pero sobre todo la victoria ante la enfermedad. Estaba viva y volvía a hacer lo que más me gusta, correr. El camino es lento, pero voy poco a poco mejorando. Este año ya he sido Campeona de Europa en Dinamarca, también en el de Obstáculos, pero mi meta es volver a ser un poquito de lo que fui, competitiva como antes y agradecida por poder seguir haciendo lo que me gusta”.

Una enfermedad como el cáncer deja secuelas, pero sobre todo, cambia la forma de pensar de aquellas personas que consiguen ganarle la batalla. “La vida te cambia, das importancia a lo que lo tiene, dejas de preocuparte por cosas que no valen la pena y das prioridad a cosas que sí lo merecen. Te das cuenta de la gente que está ahí, en los buenos y los malos momentos, las enfermedades por desgracia te hacen ver cosas que antes no veías. Lo importante es que la vida te da otra oportunidad y no hay que desperdiciarla con cosas superfluas. Vive y deja vivir”.

Y por eso, les da fuerzas a todas esas personas que deben enfrentarse a esta dura enfermedad, “se puede y que sepan que están solos, que hay mucha gente como ellos y mucha que lo supera, que busquen ayuda porque la hay”. Porque con fuerza de voluntad, uno es capaz de lograr cualquier cosa que se proponga. “Se debe luchar siempre por lo que uno quiere y nunca hay que rendirse”.

Pilar superó la enfermedad y volvió a las pistas de atletismo tal y como siempre había soñado. “Mi vida es igual que antes, nunca dejé de hacer nada mientras estuve enferma, trabajaba, daba clases a niños y sobre todo, disfrutaba de esta segunda oportunidad que me ha dado la vida”.

Una segunda oportunidad que Pilar ha sabido aprovechar. Esta atleta madrileña es el claro ejemplo de lucha y superación, de que con fuerza de voluntad y actitud positiva uno es capaz de conseguir grandes logros.

¡Enhorabuena Pilar!